miércoles, 29 de junio de 2011

Para que nada nos amarre,

Para que nada nos amarre,
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Para que nada nos amarre,
que no nos una nada.
Amo el amor de los marineros que besan y se van.
Dejan una promesa, no vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera;
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar.
Desde el fondo de ti y arrodillado,
un niño triste como yo nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra,
veré en los tuyos lágrimas un día.
Amo el amor de los marineros que besan y se van.
Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz.
En cada puerto una mujer espera;
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar.
La Virgen de Guía vino por el Mar?

De Irlanda lejana, de la Verde Erin
la Virgen de Guía vino por el mar.
Vino por el mar
como vino el Santo Cristo de Candás.

Desbravando vientos, domando galernas
vino por el mar
hace cuatro siglos, cuatro siglos ya.

Vino como vienen los vientos mareros,
vino por el mar,
vino en la marea del buen marear.

Vino de la mano sabia de la luna,
vino por el mar,
vino como el ocle con yodo y con sal.

Vino por el mar
la Virgen de Guía, vino por el mar.

"Poema del poeta asturiano celso amieva